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martes, 22 de julio de 2008

Hermanos en situación de calle



En Chile más de 9 millones de personas ganan sueldos inferiores a $100.000, lo que nos lleva a pensar las 728 mil personas se encuentran en la indigencias, siendo estos según el mideplan, un 4,7 % de la población total chilena. Es por esto que en nuestra sociedad un grupo importante de hermanos y hermanas sufren la realidad de ser mendigos, es por esto que una cantidad importante de Santos de nuestra Iglesia han consagrado su vida al servicio de estos.


¿Y tú que estas haciendo por tu prójimo?


La obra social de la Iglesia tiene que partir de la contemplación a Jesucristo.


Los cristianos tenemos que volvernos próximos al que está sufriendo, al que necesita de mí. Lo que Jesús advierte y crítica en su época, sigue siendo también una advertencia para la Iglesia de hoy: no hay Iglesia de verdad, no hay autentica comunidad cristiana madura, si no se hace tremendamente próxima a las necesidades de los que están a su alrededor, por eso no se puede entender una parroquia que no tenga una obra de compromiso social. No se puede entender una comunidad cristiana que quede encerrada en la Biblia, en un grupo de oración, en cuatro paredes, y que no sale al encuentro de su hermano que está necesitado de ella, porque si no sale, la fe no madura.


La fe no solamente se madura de la experiencia del conocimiento, sino que la fe hay que fructificarla en la experiencia del encuentro, del diálogo con Jesús vivo reflejado en el hermano mendigo, y en la experiencia del amor al prójimo, “ama a tu prójimo como si te amaras a ti mismo”


¿Qué hacer maestro para alcanzar la vida eterna? Ama a Dios y ámalo en tu hermano. No es solamente amar a Dios, sino que hay que amarlo en el hermano, este es el desafío. Por eso se nos tiene que cansar las rodillas y el corazón delante de Señor, ahí está nuestra fuerza para no cansarnos en la obra social. “Muéstrame tus obras, y yo te mostraré en ellas tu fe”

Por Mario Moreno

lunes, 30 de junio de 2008

El calentamiento Global



El calentamiento global, es uno de los fenómenos que mas preocupa a la población mundial en la actualidad, por lo que cada vez se están aplicando mayores políticas de preservación del planeta, sobre todo por parte de los países más industrializados del mundo.


Este fenómeno es producido por el incremento de la concentración de gases efecto invernadero, lo que desencadena un aumento progresivo de la temperatura promedio del planeta. A partir de esto surgen una serie de nefastas consecuencias como el aumento del nivel del mar, cambios en los ecosistemas agrícolas, expansión de enfermedades tropicales, deshielos, etc. Esto está ocurriendo en la actualidad, pero se estima que dentro de pocos años, los efectos de este fenómeno serán muchos más.


El calentamiento global, es consecuencia de la acción indiscriminada de los seres humanos en la tierra, sobre todo de las grandes industrias, que en su afán de lucro, muchas veces olvidan el cuidado del medio ambiente, de su modo de producción y consumo, de la tala de tantos bosques, emisión de muchos gases contaminantes, y por sobre todo de la poca conciencia que existe con la preservación de nuestro hermoso planeta.


Nuestro planeta es un regalo, el regalo mas grande que nos hizo el Señor, lo construyó con todo su amor, y perfección, para que nosotros pudiéramos disfrutarlo y preservarlo para las futuras generaciones, es por esta razón que debemos, como seres humanos, y también como discípulos de Él, contribuir a una mejora en nuestro medio ambiente, a que exista una mayor conciencia, a no contaminar en demasía nuestro planeta, quizás a utilizar energías menos contaminantes, entre tantas otras medidas que podemos tomar en pro de la descontaminación del planeta tierra.



lunes, 19 de mayo de 2008

El trabajo como cristianos

Jesús el Señor, hecho hombre, entró en el mundo como un sencillo trabajador. En su pequeño pueblo de Nazaret los vecinos lo conocen, como a la mayoría de nosotros, por su familia y por su oficio. Y por eso, se asombran con sus enseñanzas y se preguntan de dónde le puede venir esa sabiduría que ha alcanzado, se dicen entre ellos: “¿no es éste el hijo del carpintero?”. Y, saliendo de su asombro, exclaman con cierta incredulidad: “Sí, ¡es el carpintero!”, esta sencilla certeza no deja de impresionarnos aún hoy día. Ella nos demuestra que, desde su niñez, Jesús ha vivido simplemente en medio de los suyos, realizando su oficio, ayudando a su padre y ganando con él el pan para su querida familia, como un vecino, hecho artesano como su Padre del cielo.


Reiteramos que “Jesús, el carpintero dignificó el trabajo y al trabajador y, nos recuerda que el trabajo no es un mero apéndice de la vida, sino que “constituye una dimensión fundamental de la existencia del hombre en la tierra” , por la cual el hombre y la mujer se realizan a sí mismos como seres humanos ”.El trabajo es pues vocación primordial que nos asemeja a Dios creador; es llamado a construir la sociedad fraterna y servicio que se ofrece a los hermanos; es una dimensión tan esencial, que sin trabajo, y más aún sin trabajo digno y decente, la propia vocación humana del varón y la mujer no puede encontrar su plena realización.

Trabajar no es sólo producir: trabajar es vivir. Un trabajo no valorado, mal remunerado atenta contra su la dignidad de las personas y, contra la dignidad de sus familias, “el trabajo humano es la forma con que el hombre puede colaborar en la creación que Dios ha realizado, sintiéndose copartícipe de la obra de Dios para el bien de los demás”


Todos los cristianos, siguiendo la enseñanza de Jesús, sabemos y proclamamos que “el trabajo garantiza la dignidad y la libertad del hombre, y es probablemente “la clave esencial de toda ‘la cuestión social’” .Por esta razón, “el discípulo misionero, respondiendo a este designio, promueve la dignidad del trabajador y del trabajo, el justo reconocimiento de sus derechos y de sus deberes, desarrolla la cultura del trabajo y denuncia toda injusticia”


Jesucristo, Señor de la Historia, Vivo en el presente, nos invita a mirar, siempre con nuevos ojos, las realidades humanas, para descubrir en ellas nuevas posibilidades de justicia, de amor y de redención.


“El trabajo humano es la forma con que el hombre puede colaborar en la creación que Dios ha realizado. Por eso, el sentimiento humano de frustración, fruto del no trabajo o el trabajo mal remunerado, atenta contra esa alegría que produce el saberse copartícipe y colaborador de la obra de Dios”.


Por Mario Moreno

lunes, 14 de abril de 2008

La Iglesia y la guerrilla


Para ahondar en el tema de este mes, que trata sobre la Iglesia y la guerrilla latinoamericana, es menester conocer mas sobre uno de los propulsores; Camilo Torres.

Camilo Torres ese que nacía hacia el 1929 en la fría ciudad Bogotá, pionero de teología de la liberación, hombre de disyuntivas, constructor de puntos de bifurcación, su vida misma se forjó frente a los caminos negados para Colombia. Desde muy temprana edad comienza a dar testimonios de su constante preocupación por los oprimidos y va acrecentándose en su conciencia que lo fundamental del hombre es el amor infinito por los desposeídos.


Convencido que la mejor manera de encontrar alivio, a los sufrimientos del pueblo y su reflexión lo conduce a interrogar su proyecto de vida personal, ingresando al seminario y haciéndose sacerdote en 1954 en Bélgica, pero continuó estudiando algunos años más en la Universidad Católica de Lovaina obteniendo el grado de licenciado en Ciencias Sociales marcando así su ideario político.


“Descubrí el cristianismo como una vida centrada totalmente en el amor al prójimo; me di cuenta que valía la pena comprometerse en este amor, en esta vida, por lo que escogí el sacerdocio para convertirme en un servidor de la humanidad”.


Cuando regresó a Colombia, se sintió obligado a apoyar activamente la causa por los pobres y la clase trabajadora. En 1959 se convierte en capellán y profesor de la Universidad Nacional de Colombia siendo retirado de ese cargo en febrero de 1962, cuando se hicieron notorios sus primeros encuentros ideológicos con la jerarquía eclesiástica.


A partir de 1964 se acrecienta su preocupación por los oprimidos, su conciencia de la exigencia de amor al prójimo, más sus estudios y formación sociológica le demuestran la importancia de que el amor tiene que ser eficiente; es decir, que se necesita el cambio de estructuras, que es obligatoria una revolución social publicando así su "plataforma para un movimiento de unidad popular", en la convocatoria amplia de Camilo, comienzan a converger amplios sectores de trabajadores, sectores populares, estudiantes, cristianos e intelectuales. Su persistencia en la unidad, en la amplitud, expresada en su llamamiento a "tomar lo que nos une y dejemos lo que nos separa" se convierte en la clave del crecimiento posterior del Frente Unido.


En 1965 renuncia a sus compromisos clericales orgánicos pero no sacerdotales y recorre Colombia propugnando la abstención en las elecciones e inicia la publicación del semanario “Frente Unido” publicando en su primer número: “Mensaje a los Cristianos”:


“«El que ama a su prójimo cumple con su ley.» (Romanos 13, 8). Este amor, para que sea verdadero, tiene que buscar eficacia. Si la beneficencia, la limosna, las pocas escuelas gratuitas, los pocos planes de vivienda, lo que se ha llamado «la caridad», no alcanza a dar de comer a la mayoría de los hambrientos, ni a vestir a la mayoría de los desnudos, ni a enseñar a la mayoría de los que no saben, tenemos que buscar medios eficaces para el bienestar de las mayorías.”


En noviembre decide trasladar su sacerdocio católico de la teoría revolucionaria a la práctica guerrillera uniéndose al ejército de liberación nacional (ELN) participó en ella como un miembro de bajo rango y proveyó asistencia espiritual e ideológica desde un punto de vista marxista-cristiano. Murió en su primera experiencia en combate, cuando el ELN emboscó una patrulla militar colombiana.


“Nadie quiere la violencia, todos quieren la paz, pero la paz pasa por la defensa de la vida., buscar la liberación es el signo que marca el evangelio y que coincide con la teoría revolucionaria”

Camilo Torres